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Yo sí tengo miedo.

Escrito por Emilio el . Posteado en Opinión, Opinión en la Red

Según van pasando los días, hemos estado planeando las vacaciones de verano, que esta vez serán tardías. Mi realidad frente al ordenador y bicheando por las distintas plataformas de vuelos, hoteles y alquiler de coches, es que tengo miedo. Alternar la búsqueda de un destino para viajar con los mensajes y opiniones de que somos valientes, solidarios, tolerantes… las imágenes de manifestaciones, de personas entrevistadas por la calle, de manifestantes, de políticos, de “expertos” en terrorismo del de ahora y del de siempre, a los que no les ha pasado absolutamente nada, no consiguen apartar de mi ánimo ese miedo a terminar muerto o destrozado en un hospital, yo o las personas a las que quiero.

Recientemente he vivido seis meses donde un ser querido ha trabajado en un país donde el valor de la vida humana no se valora, pondera y calibra como aquí. Eso sólo, ya es duro, da miedo y causa dolor. Su regreso sano y salvo una inmensa alegría. Tengo miedo porque una vez que alguien que significa algo para ti, es asesinado al grito de “Alá es grande”, las cosas cambian irreversiblemente para ti y los que te rodean, y para los sanitarios, policías, guardia civiles y bomberos que intervienen en el primer momento y en los posteriores.

Como he leído estos días en internet, me gustaría que nadie se atreviese a perdonar en mi nombre, “ya lo haré yo cuando pueda…” Les diría yo si uno de seres queridos hubiera muerto o estuviera impedido de su ser para el resto de su vida.

La ruptura de la complicidad de silencios, fue el primer paso para acabar con el terrorismo de ETA después del asesinato de Miguel Angel Blanco. No simpatizo con una cultura ni una sociedad que, en los lugares en los que domina, mata a los homosexuales, lapida a las mujeres o corta las manos a los ladrones por ley, y en los que se asienta, pretende imponer sus costumbres, para mi execrables, como perseguir a una mujer que camina sola por la calle con una vestimenta que no es “la adecuada” según sus usos y costumbre, insultarla y, si se tercia y al amparo de la soledad de un callejón, algo más. Esto ocurre en España, no me lo han contado, lo he visto yo. Lo del callejón también, contribuí a evitarlo y también tuve miedo.

Los tibios son el vómito de Dios. Es un aforismo evangélico cristiano, dicen que fueron palabras de Jesucristo, unigénito de Dios para los cristianos y profeta para los musulmanes. Estoy de acuerdo.

El aleccionamiento de jóvenes musulmanes por imanes incontrolados, se quiere solucionar por un control por parte del Estado, ¿terminaremos teniendo que financiar “seminarios” de imanes musulmanes, ya lo hacemos con las mezquitas, cuando todavía no conseguimos acabar de terminar con la rémora de la iglesia católica sobre los recursos públicos?

Aquí volvemos con lo mismo, al igual que el terrorismo de ETA terminó cuando los vascos quisieron, creo que el yihadista lo hará cuando los musulmanes que viven con nosotros quieran también. Por las convicciones y modus operandi de las células yihadistas, que no son otra cosa que comandos asesinos, lo tengo más claro todavía que en el caso del terrorismo etarra.

Si para el Estado es imposible controlar la homofobia, la violencia y el asesinato contra las mujeres por parte de sus parejas o exparejas, más difícil será controlar esos centros del odio de esos musulmanes que sus vecinos consideraban tan integrados en su comunidad, tan “buenos chichos”, pero que terminan dispuestos a inmolarse con tal de conseguir lo que los dictados de ese fanatismo político, que no religioso, les ha ido infiltrando en un escaso tiempo de sus cortas vidas.

La sociedad civil activista y que se moviliza, está dispuesta para otras cosas, para los toros, para los toreros, para los cazadores, para los que comemos carne, pero no está tan dispuesta para meterse en estos charcos ni mucho menos ser proactiva. No me gustan los toros ni la caza, la carne sí, pero menos me gusta, me jode y sobre todo, me da miedo, mucho miedo, lo de que mis vecinos, mis invitados, mis amigos, mi familia o yo terminemos siendo victima de un atentado por parte de un enemigo invisible dispuesto a inmolarse y al que lo han convencido de que no tiene nada que perder y sí mucho que ganar.

Tengo miedo, pero nadie va a conseguir radicalizarme ni provocarme. Pero tampoco nadie va a conseguir imponerme ese pensamiento único bien pensante e interesado.

Curso de Flamencología o cómo hacerse Flamencólogo en 10 días

Escrito por Emilio el . Posteado en Opinión, Opinión en la Red

1.- Debe ud prodigarse en cuantos actos flamencos se organicen aunque no haya sido invitado. Hágase notar saludando a todo el mundo para dar sensación de hombre curtido en estos menesteres. Abrace a todo el que se ponga a tiro. Sonría siempre.

2.- Intervenga acaloradamente en foros, coloquios, reuniones, etc. donde se debata el tema flamenco. Deje caer, como quien no quiere la cosa, frases o palabrejas sueltas que denoten sus “conocimientos” y logren asombrar a sus contertulios. Por ejemplo: “bajañi”, “atravesao”, “suena bien”, “duele”, “gitanisimo”… “que quita el sentío” y otras por el estilo.

3.- Memorice los nombres de unos cuantos cantaores desaparecidos que están en la mente de todos, anteponiéndole invariablemente el prefijo “tío” si son de raza gitana. Intercale otros, desconocidos o inexistentes, que Ud. podrá inventar sobre la marcha sin que nadie note la “boutade”. Tal que así: Perico el Daleao, Curro el del Cortijo, Canuto el Capataz, Jenaro Malaspulgas, Basilio el de las Bestias, etc., etc. Si alguien, rara avis, pusiera en duda la existencia de esos personajes frutos de su imaginación, apabullelo con nuevas citas de otros apelativos similares añadiendo además y con vehemencia su lugar de origen: Benacazón, Los Molares, Punta del Moral, Las Alcantarillas,… Si a pesar de esto alguno se le resiste amenácele con llevarle a su casa y obligarle a tragarse la discografía en placas o cilindros de esos cantaores que solo existen en su mente. Seguro que no insistirán.

4.- No haga sus criticas, habladas o escritas, en un lenguaje demasiado inteligible. Debe procurar que su crónica de recitales o festivales no coincida nunca con la opinión general de los aficionados, porque -faltaría mas!- estos jamas tienen razón.

5.- Si su cantaor preferido no ha estado bien o ha estado fatal, haga ver al oyente o lector que fue por culpa de imponderables telúricos; algo como esto haría efecto: “… los hados lo abandonaron en una noche inclemente” o “una tormenta empapó su cuerpo y enfrió su garganta…”, aunque las ranas se bañen en su sudor y la ultima borrasca no pasara de la cordillera Cantábrica el día de San Valentín. Hace bonito, resulta poético y el aficionado repasa gratuitamente, además geografía y climatología.

6.- Alabe por norma al cantaor que domina uno o dos estilos flamencos solamente. Por el contrario, descalifique y persiga con sarna a aquellos que ejecuten 10, 15 o mas cantes y écheles en cara su engreimiento, soberbia o enciclopedismo. Rechace siempre las actuaciones de esos artistas tildándolas de heterodoxas, sosas, manidas, vulgares, largas, exentas de pellizco… No le faltaran adjetivos.

7.- No decline jamas las invitaciones, si llegara el caso, a cenas ágapes, mamandurrias, o refrigerios que con la excusa de lo flamenco se organicen. Sitúese próximo al personaje principal. Saldrá en todas las fotos a mas de comer los mejores bocados. Si tiene ocasión, aunque no venga a cuento, diga algo en voz alta para llamar la atención procurando ser inoportuno, incongruente y caótico. Si no le escuchan -porque los demás estén mas pendientes del yantar y el paladeo que de Ud.- no se desanime; es posible que al día siguiente le saquen en el Telesur para regocijo de los niños y la chacha.

8.- Participe activamente en bienales, congresos, concursos o patronatos que promuevan el socaire del flamenco, seleccionando – eso si- los de rancia solera porque en ellos se come y bebe con largueza y de paso se acumulan méritos para otros acontecimientos. Regale, servilmente si fuera preciso, los oídos de los prebostes y jerifates del Flamenco con lisonjas y adulaciones. (Recuerda siempre aquel dialogo de Diogenes con Aristipo; decía Diogenes: “Si tu supieras, Aristipo, alimentarte de coles como yo hago no tendrías necesidad de lisonjear a los grandes”; a lo que contestaba Aristipo: “-Si tu supieras, Diogenes, lisonjear a los grandes no te verías obligado a alimentarte de coles”) haga como Aristipo y llegara muy lejos.

9.- Debe manifestar sus opiniones y desacuerdos con agresividad y mala uva. La critica flamenca por lo visto no es cosa de timoratos y gente educada. Amplíe su léxico con exabruptos, imprecaciones, palabras mal sonantes y otras injurias de curso legal que le proporcionaran si duda una vitola de hombre duro, sagaz y esabista (aunque solo sea un desvergonzado). Prodigue en sus escritos o discursos neologismos del cale o germanías como suelen hacer los escritores avispados con el latín. Así combinando hábilmente: barbi, abelar, esparrabarse, diquelar, nicabar, pincharar, abiyelar, mulchanelar, etc…, puede armar tantas frases como quiera. Si nadie las entiende que mejor pues conseguirá que lo tomen por docto o erudito y hasta por otro “príncipe de los ingenios”.

10.- Si ha seguido al pie de la letra las normas anteriores podrá disimular por tiempo indefinido su propia ignorancia; o dicho de otra forma; solo Ud. sabrá que no sabe una papa de Flamenco (como todo el mundo). Los otros cuando caigan en la cuenta del engaño, nada podrán hacer o decir que le incomode porque para entonces Ud. disfrutara alguna poltrona – cual ínsula Barataria- y de tal prestigio y aureola que

1.- Debe ud prodigarse en cuantos actos flamencos se organicen aunque no haya sido invitado. Hágase notar saludando a todo el mundo para dar sensación de hombre curtido en estos menesteres. Abrace a todo el que se ponga a tiro. Sonría siempre.

2.- Intervenga acaloradamente en foros, coloquios, reuniones, etc. donde se debata el tema flamenco. Deje caer, como quien no quiere la cosa, frases o palabrejas sueltas que denoten sus “conocimientos” y logren asombrar a sus contertulios. Por ejemplo: “bajañi”, “atravesao”, “suena bien”, “duele”, “gitanisimo”… “que quita el sentío” y otras por el estilo.

3.- Memorice los nombres de unos cuantos cantaores desaparecidos que están en la mente de todos, anteponiéndole invariablemente el prefijo “tío” si son de raza gitana. Intercale otros, desconocidos o inexistentes, que Ud. podrá inventar sobre la marcha sin que nadie note la “boutade”. Tal que así: Perico el Daleao, Curro el del Cortijo, Canuto el Capataz, Jenaro Malaspulgas, Basilio el de las Bestias, etc., etc. Si alguien, rara avis, pusiera en duda la existencia de esos personajes frutos de su imaginación, apabullelo con nuevas citas de otros apelativos similares añadiendo además y con vehemencia su lugar de origen: Benacazón, Los Molares, Punta del Moral, Las Alcantarillas,… Si a pesar de esto alguno se le resiste amenácele con llevarle a su casa y obligarle a tragarse la discografía en placas o cilindros de esos cantaores que solo existen en su mente. Seguro que no insistirán.

4.- No haga sus criticas, habladas o escritas, en un lenguaje demasiado inteligible. Debe procurar que su crónica de recitales o festivales no coincida nunca con la opinión general de los aficionados, porque -faltaría mas!- estos jamas tienen razón.

5.- Si su cantaor preferido no ha estado bien o ha estado fatal, haga ver al oyente o lector que fue por culpa de imponderables telúricos; algo como esto haría efecto: “… los hados lo abandonaron en una noche inclemente” o “una tormenta empapó su cuerpo y enfrió su garganta…”, aunque las ranas se bañen en su sudor y la ultima borrasca no pasara de la cordillera Cantábrica el día de San Valentín. Hace bonito, resulta poético y el aficionado repasa gratuitamente, además geografía y climatología.

6.- Alabe por norma al cantaor que domina uno o dos estilos flamencos solamente. Por el contrario, descalifique y persiga con sarna a aquellos que ejecuten 10, 15 o mas cantes y écheles en cara su engreimiento, soberbia o enciclopedismo. Rechace siempre las actuaciones de esos artistas tildándolas de heterodoxas, sosas, manidas, vulgares, largas, exentas de pellizco… No le faltaran adjetivos.

7.- No decline jamas las invitaciones, si llegara el caso, a cenas ágapes, mamandurrias, o refrigerios que con la excusa de lo flamenco se organicen. Sitúese próximo al personaje principal. Saldrá en todas las fotos a mas de comer los mejores bocados. Si tiene ocasión, aunque no venga a cuento, diga algo en voz alta para llamar la atención procurando ser inoportuno, incongruente y caótico. Si no le escuchan -porque los demás estén mas pendientes del yantar y el paladeo que de Ud.- no se desanime; es posible que al día siguiente le saquen en el Telesur para regocijo de los niños y la chacha.

8.- Participe activamente en bienales, congresos, concursos o patronatos que promuevan el socaire del flamenco, seleccionando – eso si- los de rancia solera porque en ellos se come y bebe con largueza y de paso se acumulan méritos para otros acontecimientos. Regale, servilmente si fuera preciso, los oídos de los prebostes y jerifates del Flamenco con lisonjas y adulaciones. (Recuerda siempre aquel dialogo de Diogenes con Aristipo; decía Diogenes: “Si tu supieras, Aristipo, alimentarte de coles como yo hago no tendrías necesidad de lisonjear a los grandes”; a lo que contestaba Aristipo: “-Si tu supieras, Diogenes, lisonjear a los grandes no te verías obligado a alimentarte de coles”) haga como Aristipo y llegara muy lejos.

9.- Debe manifestar sus opiniones y desacuerdos con agresividad y mala uva. La critica flamenca por lo visto no es cosa de timoratos y gente educada. Amplíe su léxico con exabruptos, imprecaciones, palabras mal sonantes y otras injurias de curso legal que le proporcionaran si duda una vitola de hombre duro, sagaz y esabista (aunque solo sea un desvergonzado). Prodigue en sus escritos o discursos neologismos del cale o germanías como suelen hacer los escritores avispados con el latín. Así combinando hábilmente: barbi, abelar, esparrabarse, diquelar, nicabar, pincharar, abiyelar, mulchanelar, etc…, puede armar tantas frases como quiera. Si nadie las entiende que mejor pues conseguirá que lo tomen por docto o erudito y hasta por otro “príncipe de los ingenios”.

10.- Si ha seguido al pie de la letra las normas anteriores podrá disimular por tiempo indefinido su propia ignorancia; o dicho de otra forma; solo Ud. sabrá que no sabe una papa de Flamenco (como todo el mundo). Los otros cuando caigan en la cuenta del engaño, nada podrán hacer o decir que le incomode porque para entonces Ud. disfrutara alguna poltrona – cual ínsula Barataria- y de tal prestigio y aureola que harán inútil cualquier intento por descubrirle. Por lo demás dele tiempo al tiempo que hasta es posible que llegue a aprender algún día.
Antonio Rincón. Sevilla Flamenca, Sevilla, No. 9/10 1989 (62)

Curso de pedantería enológica

Escrito por Emilio el . Posteado en Opinión, Opinión en la Red

¿Usted también tiene un amigo que habla como experto en vino sin la formación previa? Aquí unas claves para reconocerlo

Al vino le pasa lo que al resto del alcohol: que, como decía aquel filósofo, es “causa de, y solución para, todos los problemas de la vida”.

Todo empezó en el mágico instante en el que se cruzaron el boom inmobiliario y el auge de la cultura gourmet. Gracias al dinero y a nuestros cocineros, se generalizó el interés por comer y beber bien, los restaurantes subieron de nivel, la clientela se sofisticó… Y nació un nuevo monstruo: el del pedante enológico.

Podría ser cualquiera, incluso usted o yo. Alguien que, en otro momento no menos mágico, pasó de ser un bebedor social normal a transformarse en un temible aficionado al vino. Ese que, en lugar de aprobarlo con una sonrisa y seguir con la conversación, prefiere discutir con el sumiller, se empeña en oler el corcho, fantasea con las notas olfativas y repite la palabra maridar. En definitiva, el responsable de que algo feliz y espontáneo –”¡ponme un chato de vino!”– sea hoy una experiencia irritante.

Porque en realidad, según sostienen otros expertos, recibir un vino en la mesa es algo bastante sencillo: basta con olerlo con la copa parada (para ver si está avinagrado, sabe a corcho o está ajerezado) y luego, si se quiere obtener más matices, moverlo ligeramente. Y punto. Pero nuestro esnob enológico no hace caso a lo que suena razonable. Prefiere despacharse con una ristra de frases lapidarias que descoloquen a su adversario. Del primer curso al nivel doctorado, por sus frases lo conocerán (aprendérselas o no es cosa suya).

PRIMERO: “Entender, no entiendo, pero sé lo que me gusta”

Dirá cosas como, ‘A los americanos les hizo falta una década para hartarse del Chardonnay, pero nosotros vamos por un camino todavía peor’.

Esta frase es la fórmula magistral de la arrogancia encubierta y también un destello de genialidad, porque implica dos cosas contradictorias: modestia y defensa de la propia ignorancia. No hay nada como hacer alarde de lo que se desconoce para no tener que escuchar a nadie; el pedante principiante ni sabe ni le interesa, pero tiene carácter, que es mucho mejor.

SEGUNDO: “¿Rueda Verdejo? ¡Pero por favor!”

Todo el mundo lo sabe pero no se atreve a decirlo: hay una epidemia en forma de vino blanco y se llama Rueda Verdejo. El pedante de segundo, que todavía no puede enfrentarse a un sumiller pero de esnobismo sabe un rato, hará saltar la liebre en una cena con amigos. Cuando llegue el vino blanco de la casa que ellos han pedido con ligereza (será un Rueda, seguro, a no ser que estén en un restaurante gallego), lo tachará de “obvio” y “sin interés”. Una vez hecho el silencio en la mesa, lo zanjará con artillería: “A los americanos les hizo falta una década para hartarse del Chardonnay, pero nosotros vamos por un camino todavía peor”.

TERCERO: “He visto muchas Riedel en mi vida y esta copa no lo es”

La capacidad del pedante de apreciar matices con solo oler el corcho supera lo poético y llega hasta lo supraterrenal.

Hoy en día es difícil acertar dónde servir el agua, sobre todo porque en muchos restaurantes se ha producido un curioso efecto de escala monumental: donde antes había platos redondos y copas de tamaño mediano, los primeros se han convertido en grandes superficies con ángulos dudosos y las segundas, en generosos barreños subidos a un pie de cristal. Pero el pedante se desmarca de esa vulgaridad que es hablar de tipos de copa. Él controla de marcas, y no probará el vino si no es en Riedel, el Ferrari de la cristalería. “Ni siquiera son tan caras”, añadirá. Si es que el mundo es muy ignorante.

CUARTO: “¡Casi se huele Portugal en este Rias Baixas!”

Como experto, la capacidad del enterado de apreciar matices con solo oler el corcho supera lo poético y llega hasta lo supraterrenal. Si alguien levanta la ceja ante el comentario, mantendrá su órdago. ¿Acaso no están de moda las variedades de uva locales y las oscuras denominaciones de origen, que él por supuesto identifica al momento? Entonces, ¿cómo no va a apreciar el roce del traje regional del terruño donde se fraguó un buen vino? A partir de aquí no hay límites: con oler el vino una segunda vez sabrá informar sobre el tostado de la barrica; a la tercera, sabrá si pasó la fermentación maloláctica en depósito, y cuando lo pruebe medirá su permanencia en caudalies*.

* No hace falta que entienda nada, solo decirlo con convencimiento.

DOCTORADO: “El rosado ahora es lo más”

Hace tiempo que nuestro experto superó al vulgo. Ya es capaz de dar la réplica a enólogos, bodegueros y sumilleres. El esnob profesional sabe que solo queda volver al punto de partida: recuperar el placer de epatar a sus congéneres. Y lo hará en tres cómodos pasos que usted puede seguir también:

Convocar una cena informal con cinco o seis amigos (es importante que haya público). Pedir el único vino que hombres, mujeres y niños ningunean por igual: el rosado. Regocijarse por dentro con la reacción y disfrutar su copa de Mateus Rosé bien fresquito (y sin el cargo de conciencia que tendría un entendido de los de siempre). Ya está. ¡Ahora puede convertirse en la perfecta persona enológicamente insoportable!

Publicado en EL PAÍS por DANIEL GARCÍA LÓPEZ Madrid 7 NOV 2013 – 16:03 CET1
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