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Curso de Flamencología o cómo hacerse Flamencólogo en 10 días

Escrito por Emilio el . Posteado en Opinión, Opinión en la Red

1.- Debe ud prodigarse en cuantos actos flamencos se organicen aunque no haya sido invitado. Hágase notar saludando a todo el mundo para dar sensación de hombre curtido en estos menesteres. Abrace a todo el que se ponga a tiro. Sonría siempre.

2.- Intervenga acaloradamente en foros, coloquios, reuniones, etc. donde se debata el tema flamenco. Deje caer, como quien no quiere la cosa, frases o palabrejas sueltas que denoten sus “conocimientos” y logren asombrar a sus contertulios. Por ejemplo: “bajañi”, “atravesao”, “suena bien”, “duele”, “gitanisimo”… “que quita el sentío” y otras por el estilo.

3.- Memorice los nombres de unos cuantos cantaores desaparecidos que están en la mente de todos, anteponiéndole invariablemente el prefijo “tío” si son de raza gitana. Intercale otros, desconocidos o inexistentes, que Ud. podrá inventar sobre la marcha sin que nadie note la “boutade”. Tal que así: Perico el Daleao, Curro el del Cortijo, Canuto el Capataz, Jenaro Malaspulgas, Basilio el de las Bestias, etc., etc. Si alguien, rara avis, pusiera en duda la existencia de esos personajes frutos de su imaginación, apabullelo con nuevas citas de otros apelativos similares añadiendo además y con vehemencia su lugar de origen: Benacazón, Los Molares, Punta del Moral, Las Alcantarillas,… Si a pesar de esto alguno se le resiste amenácele con llevarle a su casa y obligarle a tragarse la discografía en placas o cilindros de esos cantaores que solo existen en su mente. Seguro que no insistirán.

4.- No haga sus criticas, habladas o escritas, en un lenguaje demasiado inteligible. Debe procurar que su crónica de recitales o festivales no coincida nunca con la opinión general de los aficionados, porque -faltaría mas!- estos jamas tienen razón.

5.- Si su cantaor preferido no ha estado bien o ha estado fatal, haga ver al oyente o lector que fue por culpa de imponderables telúricos; algo como esto haría efecto: “… los hados lo abandonaron en una noche inclemente” o “una tormenta empapó su cuerpo y enfrió su garganta…”, aunque las ranas se bañen en su sudor y la ultima borrasca no pasara de la cordillera Cantábrica el día de San Valentín. Hace bonito, resulta poético y el aficionado repasa gratuitamente, además geografía y climatología.

6.- Alabe por norma al cantaor que domina uno o dos estilos flamencos solamente. Por el contrario, descalifique y persiga con sarna a aquellos que ejecuten 10, 15 o mas cantes y écheles en cara su engreimiento, soberbia o enciclopedismo. Rechace siempre las actuaciones de esos artistas tildándolas de heterodoxas, sosas, manidas, vulgares, largas, exentas de pellizco… No le faltaran adjetivos.

7.- No decline jamas las invitaciones, si llegara el caso, a cenas ágapes, mamandurrias, o refrigerios que con la excusa de lo flamenco se organicen. Sitúese próximo al personaje principal. Saldrá en todas las fotos a mas de comer los mejores bocados. Si tiene ocasión, aunque no venga a cuento, diga algo en voz alta para llamar la atención procurando ser inoportuno, incongruente y caótico. Si no le escuchan -porque los demás estén mas pendientes del yantar y el paladeo que de Ud.- no se desanime; es posible que al día siguiente le saquen en el Telesur para regocijo de los niños y la chacha.

8.- Participe activamente en bienales, congresos, concursos o patronatos que promuevan el socaire del flamenco, seleccionando – eso si- los de rancia solera porque en ellos se come y bebe con largueza y de paso se acumulan méritos para otros acontecimientos. Regale, servilmente si fuera preciso, los oídos de los prebostes y jerifates del Flamenco con lisonjas y adulaciones. (Recuerda siempre aquel dialogo de Diogenes con Aristipo; decía Diogenes: “Si tu supieras, Aristipo, alimentarte de coles como yo hago no tendrías necesidad de lisonjear a los grandes”; a lo que contestaba Aristipo: “-Si tu supieras, Diogenes, lisonjear a los grandes no te verías obligado a alimentarte de coles”) haga como Aristipo y llegara muy lejos.

9.- Debe manifestar sus opiniones y desacuerdos con agresividad y mala uva. La critica flamenca por lo visto no es cosa de timoratos y gente educada. Amplíe su léxico con exabruptos, imprecaciones, palabras mal sonantes y otras injurias de curso legal que le proporcionaran si duda una vitola de hombre duro, sagaz y esabista (aunque solo sea un desvergonzado). Prodigue en sus escritos o discursos neologismos del cale o germanías como suelen hacer los escritores avispados con el latín. Así combinando hábilmente: barbi, abelar, esparrabarse, diquelar, nicabar, pincharar, abiyelar, mulchanelar, etc…, puede armar tantas frases como quiera. Si nadie las entiende que mejor pues conseguirá que lo tomen por docto o erudito y hasta por otro “príncipe de los ingenios”.

10.- Si ha seguido al pie de la letra las normas anteriores podrá disimular por tiempo indefinido su propia ignorancia; o dicho de otra forma; solo Ud. sabrá que no sabe una papa de Flamenco (como todo el mundo). Los otros cuando caigan en la cuenta del engaño, nada podrán hacer o decir que le incomode porque para entonces Ud. disfrutara alguna poltrona – cual ínsula Barataria- y de tal prestigio y aureola que

1.- Debe ud prodigarse en cuantos actos flamencos se organicen aunque no haya sido invitado. Hágase notar saludando a todo el mundo para dar sensación de hombre curtido en estos menesteres. Abrace a todo el que se ponga a tiro. Sonría siempre.

2.- Intervenga acaloradamente en foros, coloquios, reuniones, etc. donde se debata el tema flamenco. Deje caer, como quien no quiere la cosa, frases o palabrejas sueltas que denoten sus “conocimientos” y logren asombrar a sus contertulios. Por ejemplo: “bajañi”, “atravesao”, “suena bien”, “duele”, “gitanisimo”… “que quita el sentío” y otras por el estilo.

3.- Memorice los nombres de unos cuantos cantaores desaparecidos que están en la mente de todos, anteponiéndole invariablemente el prefijo “tío” si son de raza gitana. Intercale otros, desconocidos o inexistentes, que Ud. podrá inventar sobre la marcha sin que nadie note la “boutade”. Tal que así: Perico el Daleao, Curro el del Cortijo, Canuto el Capataz, Jenaro Malaspulgas, Basilio el de las Bestias, etc., etc. Si alguien, rara avis, pusiera en duda la existencia de esos personajes frutos de su imaginación, apabullelo con nuevas citas de otros apelativos similares añadiendo además y con vehemencia su lugar de origen: Benacazón, Los Molares, Punta del Moral, Las Alcantarillas,… Si a pesar de esto alguno se le resiste amenácele con llevarle a su casa y obligarle a tragarse la discografía en placas o cilindros de esos cantaores que solo existen en su mente. Seguro que no insistirán.

4.- No haga sus criticas, habladas o escritas, en un lenguaje demasiado inteligible. Debe procurar que su crónica de recitales o festivales no coincida nunca con la opinión general de los aficionados, porque -faltaría mas!- estos jamas tienen razón.

5.- Si su cantaor preferido no ha estado bien o ha estado fatal, haga ver al oyente o lector que fue por culpa de imponderables telúricos; algo como esto haría efecto: “… los hados lo abandonaron en una noche inclemente” o “una tormenta empapó su cuerpo y enfrió su garganta…”, aunque las ranas se bañen en su sudor y la ultima borrasca no pasara de la cordillera Cantábrica el día de San Valentín. Hace bonito, resulta poético y el aficionado repasa gratuitamente, además geografía y climatología.

6.- Alabe por norma al cantaor que domina uno o dos estilos flamencos solamente. Por el contrario, descalifique y persiga con sarna a aquellos que ejecuten 10, 15 o mas cantes y écheles en cara su engreimiento, soberbia o enciclopedismo. Rechace siempre las actuaciones de esos artistas tildándolas de heterodoxas, sosas, manidas, vulgares, largas, exentas de pellizco… No le faltaran adjetivos.

7.- No decline jamas las invitaciones, si llegara el caso, a cenas ágapes, mamandurrias, o refrigerios que con la excusa de lo flamenco se organicen. Sitúese próximo al personaje principal. Saldrá en todas las fotos a mas de comer los mejores bocados. Si tiene ocasión, aunque no venga a cuento, diga algo en voz alta para llamar la atención procurando ser inoportuno, incongruente y caótico. Si no le escuchan -porque los demás estén mas pendientes del yantar y el paladeo que de Ud.- no se desanime; es posible que al día siguiente le saquen en el Telesur para regocijo de los niños y la chacha.

8.- Participe activamente en bienales, congresos, concursos o patronatos que promuevan el socaire del flamenco, seleccionando – eso si- los de rancia solera porque en ellos se come y bebe con largueza y de paso se acumulan méritos para otros acontecimientos. Regale, servilmente si fuera preciso, los oídos de los prebostes y jerifates del Flamenco con lisonjas y adulaciones. (Recuerda siempre aquel dialogo de Diogenes con Aristipo; decía Diogenes: “Si tu supieras, Aristipo, alimentarte de coles como yo hago no tendrías necesidad de lisonjear a los grandes”; a lo que contestaba Aristipo: “-Si tu supieras, Diogenes, lisonjear a los grandes no te verías obligado a alimentarte de coles”) haga como Aristipo y llegara muy lejos.

9.- Debe manifestar sus opiniones y desacuerdos con agresividad y mala uva. La critica flamenca por lo visto no es cosa de timoratos y gente educada. Amplíe su léxico con exabruptos, imprecaciones, palabras mal sonantes y otras injurias de curso legal que le proporcionaran si duda una vitola de hombre duro, sagaz y esabista (aunque solo sea un desvergonzado). Prodigue en sus escritos o discursos neologismos del cale o germanías como suelen hacer los escritores avispados con el latín. Así combinando hábilmente: barbi, abelar, esparrabarse, diquelar, nicabar, pincharar, abiyelar, mulchanelar, etc…, puede armar tantas frases como quiera. Si nadie las entiende que mejor pues conseguirá que lo tomen por docto o erudito y hasta por otro “príncipe de los ingenios”.

10.- Si ha seguido al pie de la letra las normas anteriores podrá disimular por tiempo indefinido su propia ignorancia; o dicho de otra forma; solo Ud. sabrá que no sabe una papa de Flamenco (como todo el mundo). Los otros cuando caigan en la cuenta del engaño, nada podrán hacer o decir que le incomode porque para entonces Ud. disfrutara alguna poltrona – cual ínsula Barataria- y de tal prestigio y aureola que harán inútil cualquier intento por descubrirle. Por lo demás dele tiempo al tiempo que hasta es posible que llegue a aprender algún día.
Antonio Rincón. Sevilla Flamenca, Sevilla, No. 9/10 1989 (62)
UA-45638142-1