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Publicaciones etiquetadas ‘mobbing’

Se llama fascismo.

Escrito por Emilio el . Posteado en La Tribuna de Golem, Opinión

“Aquel que conoce el poder de la palabra presta mucha atención a su conversación. Vigila las reacciones causadas por sus palabras, pues sabe que ellas no retornarán al mismo punto sin haber causado su efecto”.

Florence Scovel Shinn

Recientemente me he visto obligado a llamar las cosas por su nombre. Y es que si así ya lo decía el maestro Serrat en los 80, lo siguen diciendo los Violadores del Verso en pleno siglo XXI.

No hay nada como eso.

La tecnología nos comunica. Internet nos permite viajar en cuestión de segundos de un punto a cualquier otro del globo y comunicarnos en diversas lenguas. Y una de las cosas que permite esta ubicuidad es la fusión de diferentes idiomas en el lenguaje cibernético del todo.

El lenguaje que utilizamos a través de Internet y las redes sociales modifica considerablemente nuestra propia forma de comunicarnos en nuestro entorno. Tal es así que nos acostumbramos de una forma presurosa a nuevas palabras y expresiones de origen extranjero; esto ocurre sobre todo con términos provenientes del inglés. Nos ha dado por decir mobbing mejor que acoso laboral… ¿qué es? ¿Más chick? ¿Más liviano? Es la mera acción que realiza un individuo hostigando a otro en su entorno laboral con el fin de bloquearlo o anularlo en sus tareas a desempeñar. Es indistinto que sea a través de violencia física, moral o psicológica. El objetivo es que la víctima se vea acorralada y comience a tropezar y a sentirse cada vez más angustiada. La variante del bullying para el acoso escolar, se asemeja más fonéticamente a un restaurante caro que al comportamiento reiterado de un individuo, que siendo superior en fuerza o espíritu a otro, se dedica a acorralarlo y a acosarlo delante de sus compañeros, humillándolo y degradándolo por alguna de sus debilidades.

Por mi condición profesional, he aprendido que no hay como llamar a las cosas por su nombre y, como dice el refranero, “quien sea puta y bruja, que cruja”, y como ello es desde luego, el mejor comienzo de algo. La corrección de lo políticamente correcto, debe ser una herramienta para uso de los políticos o los que viven de la política, al resto de los mortales nos aporta poca utilidad. Sea el lugar donde uno esté, en cualquier caso, a lo que debe uno aprender primero es a decirlas en el idioma que sea, porque desde luego, es mejor emplear palabras en castellano que otras que ni siquiera sabemos pronunciar con exactitud y –probablemente- desconocemos su origen etimológico.

Una buena forma de comenzar es, sin duda, aprender a decir las cosas por su verdadero nombre. Por eso, me pregunto si es necesario seguir utilizando términos que ni siquiera sabemos pronunciar con exactitud y de los que la mayoría de nosotros desconocemos su origen etimológico, teniendo una expresión tan sencilla y clara como podría ser “acoso laboral” o “acoso escolar”… Ese puede ser un primer paso.

Existen muchos otros conceptos provenientes de otras lenguas que han sido adaptados para nuestro uso, en un lenguaje pobre y contaminado. Aprender a cuestionarnos cada cosa que decimos y por qué y el origen de cada una de las palabras que utilizamos es la mejor forma de conseguir un lenguaje depurado, coherente y útil.

Pero “acoso laboral”,  “acoso escolar”, “violencia de género”, “violencia machista” o “convivencia con un maltratador”, aún cuando son conceptos acuñados con palabras de nuestro idioma, son carentes de fuerza y -a la vista está- pocas reacciones provoca ya en la sociedad.

Si todo se reduce al intento de ejercer una autoridad a través de la violencia, la represión y la propaganda (incluyendo la manipulación del sistema educativo), no hay que llamarse Benito Mussolini ni vivir en Italia en el período de entreguerras. Se llama fascismo y se está ejerciendo ahora en pleno siglo XXI.

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