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Uniformidad scout, kufiyas y coherencia. Una reflexión.

Escrito por Emilio el . Posteado en Escultismo, Escultismo Adulto

El uniforme Scout es algo esencial al Movimiento Scout y sus valores y, desde su aparición hace más de 100 años, ha tenido un sentido y un valor que justifica y da significado a su utilización como la seña de identidad más importante de cara a la imagen pública que la sociedad tiene de nosotros.

El uso del uniforme, sea este el que sea, debe hacerse de manera adecuada y correcta, adaptándose a los tiempos y como la gran mayoría de las distintas asociaciones scouts establecen, debe ser coherente con lo que somos, nuestros principios y lo que queremos: sencillo, cómodo, práctico y económico.

Actualmente no es difícil obtener la visión de determinados scouters en España, responsables y educadores del Movimiento Scout, que lucen en actividades scouts de sus grupos o asociaciones la kufiya o pañuelo palestino como un elemento de la uniformidad, supongo que porque quieren abanderar –de alguna forma- el manifiesto a favor de la defensa del pueblo Palestino.

Si el motivo de que lo lucen es otro distinto al de la protesta política o a la solidaridad con el pueblo Palestino, ya es para que se lo hagan ver.

Entiendo que podemos manifestar la solidaridad con el dolor de un pueblo o simplemente ser empáticos con la causa, pero quizás por quien corresponda debería tomarse conciencia de que la kufiya blanca y negra, que es la que es original de Palestina o Siria, es también la que se asocia a los militantes del Fatah, organización fundada por Yasser Arafat. La de color rojo y blanco, originaria de Jordania, también ha sido utilizada a favor de la liberación de Palestina. El resto de pañuelo son modas y a buen seguro comprados en los chinos, al igual que los otros, ya que dudo que el espíritu solidario de estos scouters los lleve a comprar kufiyas elaboradas en Palestina fomentando el mercado real de estos pañuelos y fomentar este medio de subsistencia del pueblo Palestino, con lo cual una cosa que uno puede admirar, se ensucia cuando un símbolo de rebeldía y resistencia se convierte en una prenda de moda con lo que –finalmente- caemos en manos del explotador imperio asiático de hombres, mujeres y niños.

Al hilo de lo anterior, sería interesante para aquellos hombres y mujeres de nuestro escultismo que, desde la uniformidad scout, lucen la kufiya, conocer la realidad de cómo las mujeres y niñas palestinas de Gaza y Cisjordania están sujetas a muchas limitaciones que impiden el desarrollo de sus derechos y estatus en igualdad de condiciones con el hombre, promovidas y amparadas por la Autoridad Nacional Palestina, Fatah y Hamas indistintamente y cómo la prevalencia de estas limitaciones están íntimamente ligadas al hecho de que el patriarcado y la percepción estereotipada del papel de las mujeres prevalece en la mayor parte de palestina, especialmente en las áreas rurales, así como en los campos de refugiados en Gaza y Cisjordania en donde la ideología fundamentalista islámica ha ido ganando terreno en los últimos años.

Resulta un problema de coherencia importante, en mi opinión, un o una scouter manifestando su NO al maltrato a la mujer luciendo una kufiya, lo considero una imagen repelente al mismo nivel que lo haría si, por ejemplo extremo, luciera una esvástica y ello porque los movimientos de Fatah y Hamas, cuya lucha simboliza, son directamente responsables de:

  • Que las mujeres están consideradas jurídicamente como menores y por tanto sometidas a la custodia permanente de los hombres. Por ello las mujeres no tienen autoridad para hacer contratos legales o llevar cualquier negocio por sí mismas.
  • Que como resultado del menor interés y atención que reciben las niñas respecto a los niños, el 91% de los niños están alfabetizados, mientras que las niñas lo están sólo en un 75% y las niñas reciben una formación enfocada al mantenimiento de la casa, mientras que a los niños se les prepara para incorporarse al mercado de trabajo.
  • Que las niñas están sujetas al matrimonio temprano para garantizar su seguridad en un entorno político inseguro y para aligerar los gastos familiares.
  • Que las mujeres necesitan la autorización de su padre o de su marido para trabajar fuera de sus casas o para viajar.
  • Que la violencia doméstica contra las mujeres está considerada como una cuestión privada y las leyes y los procedimientos legales existentes no resultan apropiados para defender a las mujeres de esta violencia.

No es cuestión de religión y de aceptación de una cultura, en Gaza viven unos 3.000 cristianos ortodoxos. Su religión no les exige el velo o hiyab, algo que puede hacer del simple acto de caminar por la calle una odisea en sí misma. Cualquier mujer tiene que buscar la compañía de algún familiar varón cuando va a hacer la compra o acude a un restaurante y no siempre cuenta con esa protección masculina y puede verse sometida al insulto y a la acusación de irreverencia, como mínimo.

Estas cosas son incompatibles con mi compromiso scout y como educador.

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