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¡ Viva Cartagena !

Escrito por Emilio el . Posteado en La Tribuna de Golem, Opinión

Desde el anuncio de la abdicación de nuestro rey y gracias a las redes sociales, no al periodismo panfletario con el que nos hemos quedado en este país, estoy con los ojos y sobre todo los oídos bien abiertos. Los ojos porque por un lado, he desempolvado mucho material del proceso constitucional español que tenía archivado de mi época de estudiante por esa manía de guardar papeles “que igual un día me sirven” y los oídos, por esas conversaciones, tanto en el bar donde paro para tomar café todas las mañanas, como con los compañeros de trabajo, familia y amigos.

Si algo nos ha caracterizado a los españoles, salvo cuando alguna catástrofe o la selección española de fútbol se ha jugado algo, es nuestra capacidad de centrifugar las cosas con una permanente tendencia a la desunión. Cuando se redactó el Título VIII de la Constitución de 1978, el que trata de las autonomías, los padres de la Constitución, y los que en ellos influían de extranjis, no lo hicieron porque sí, sino porque conocían la historia, y pensaron que dejando abiertas juntas de dilatación entre los territorios sería menos probable que el edificio español se partiese. Lo más parecido a la unidad de España creo que no se dio hasta la corona de Carlos I. Lo de los Reyes Católicos es un invento del TBO de los historiadores franquistas que hoy no debería seguir colando, aunque solo sea porque se ha seguido con interés la reciente serie televisiva de la reina Isabel. Lo que antes hubo en España fueron muchos reinos, condados, señoríos y marcas, y en tiempos de Felipe II había gobernadores y fueros en cada zona. Así nos hemos ido llevado, a trancas y barrancas, en la unidad bajo una misma corona. Con las personas con las que he tenido la oportunidad de hablar de las motivaciones y secuelas de Guerra Civil del 36 y sus correspondientes demonizaciones de un bando y otro, raramente he podido ahondar sobre el período de 1868 y 1874, donde ya tuvimos tres guerras civiles simultáneas, nada menos, y hasta nació una república, si hablamos de instaurar la III República y sabemos algo de la tricolor, todo el mundo es capaz de intuir que hubo una primera, pero no suele ser lo común.

Entonces ya había diferencias entre unitarios y federalistas. Cuando hoy se habla de los derechos históricos de los territorios de España, siempre echo de menos que el andalucismo, los que se denominaron andalucistas en el proceso autonómico andaluz, olvidasen que no solo Cataluña quería ser un estado y que los vascos y los navarros ya lo intentaban con las guerras Carlistas, sino que muchas ciudades se constituyeron en estados por su cuenta: Sevilla, Valencia, Alcoy, Salamanca, Cádiz, Tarifa y muchas más, hasta en sitios sorprendentes como Jumilla o Camuñas. Donde hubo mayor resistencia fue en Cartagena, pues los sublevados tenían las armas del arsenal militar, que requirió la presencia del ejército central para rendir la ciudad.

Al poco tiempo de que el gobierno de la I República, sí esa de la que nadie habla, sofocase aquel siroco cantonalista liderado por Cartagena, un cantante de ópera de tres al cuarto actuaba en el teatro de Cartagena y sabiendo que lo estaba haciendo de pena, ante los murmullos del público que empezó a darse cuenta que lo de la ópera le venía grande y temiéndose que la cuestión terminase en bronca, el pretendido tenor se calló, se plantó en medio del escenario y, sin venir a cuento, gritó: “Viva Cartagena”. Con los sentimientos secesionistas aún a flor de piel, el emocionado público cartagenero no tuvo más remedio que vitorear durante un buen rato al ventajista cantante y desde entonces la expresión ha venido a definir el recurso fácil y barato para disimular las propias carencias y, al mismo tiempo, una forma -eso sí, un tanto chapucera- de lograr adhesiones . Esta anécdota, cuya base histórica desconozco, me fue referida así desde la cátedra de Historia del Derecho en mi época de estudiante y no me ha sido útil hasta ahora, precisamente, para entender el momento importante en la historia del constitucionalismo español que tarde o temprano, estaba llamado a vivir ya que le llevo dos años y pico al príncipe Felipe.

Nuestro debate es el de siempre, y por eso la “gente seria” de Europa, Gran Bretaña, Francia o Alemania, los yankees o hasta los asiáticos, nos miraran siempre con desconfianza. A poco que nos dejen, somos la partida del Vivillo : hay personajes de relevancia pública e internacional que no hay forma que digan España, dicen cualquier chorrada enrevesada, pero nunca España, los nacionalistas vascos siguen jugando con fuego con los terroristas y cualquier político, sin que tenga que ser un nacionalista catalán, es capaz de desarrollar teorías que justifiquen cualquier causa o pretensión. La última, el alcalde de Sevilla que se descuelga con que Colón de donde partió para las Américas fue de Sevilla. Sólo por eso habría que dimitir en “un país serio” igual que por decir que Cela “es el único premio Nobel que tenemos”. Por expoliar, robar, extorsionar, defraudar y estar imputado penalmente por ello, si no condenado e indultado incluso, ya ni hablamos. No hay que dar siquiera la oportunidad de que dimitiesen, tiene que ser cesados con carácter fulminante, sin aforamientos ni historias, que se respeten sus derechos civiles y la presunción de inocencia, pero de la cosa pública se les debería de apartar inmediatamente, a todos, a los que dicen chorradas y, con más vera, a los presuntos delincuentes, porque si te dedicas a lo público, tienes que serlo y parecerlo; por ello no eres presunto inocente eres presunto delincuente ante la más mínima sospecha. ¿Nos preocupan más los gastos de mantener la Casa Real frente a lo que sería una jefatura de estado o que esta sea hereditaria, más que nuestros políticos y banqueros delincan pero si piden perdón y devuelven lo robado, o incluso ni siquiera todo lo que han robado, no vayan a la cárcel? Por las reacciones y la capacidad e intención de movilizar a la sociedad para según que cosas, parece que sí. Se habla mucho de la casta, de la castuza, yo llevo hablando desde hace mucho tiempo de la casta, pero no se habla de por qué la casta no va al talego. Es mejor no hablar de según qué cosas no sea que un día seamos casta. Las barbas del vecino ardiendo y yo pensando en si dejo de afeitarme mañana o no. Por supuesto hablo en sentido figurado, después de veinticinco años en la cosa pública sin trincar, creo que tengo bien controlado mi apetito trincón para lo que me pueda quedar en el convento.

Con un 26 por ciento de paro estadístico, aquí seguimos incapaces de hacer un frente común y la casa ardiendo por los cuatro costados. Ya tuvimos la última guerra civil por no ser capaces de ponernos de acuerdo en lo importante y andar a la gresca con si la abuela fuma o no. Nuestros políticos, amén de corruptos los que ya lo son y los que son susceptibles de serlo en cuanto puedan, no pierden ocasión de seguir arrojando perlas por la boca aprovechando la ocasión de la abdicación del rey, sobre lo que se cuece en la tertulias televisivas no tengo ni idea porque hace ya varios años que dejaron de interesarme cuando empecé a confundirlas con “Sálvame”.

Manifestación en Madrid a favor de una República el 2 de junio de 2014

Manifestación en Madrid a favor de la República el 2 de junio de 2014

El referéndum que se demanda por los que enarbolan las banderas tricolor, banderas comunistas, o aquí en Andalucía con la variante de banderas andaluzas con estrellita en el centro, no es otra cosa que lo que en las asambleas de comunidades de vecinos se plantea en ocasiones, el vamos a votar si votamos, pero lejos de ser si cambiamos el ascensor o vendemos la casa del portero, aquí planteamos si votamos que se pueda poner en cuestión los fundamentos mismos del Estado, la monarquía y la unidad de España. Como en una buena comunidad de propietarios que se precie, sería un proceso en el que se abriría la veda para que, como los átomos del gas de la bombona de butano que se expanden hasta ocupar todo el espacio disponible, todas estas emociones se lancen como los caramelos en las cabalgata de reyes, a pelú : desde cosas grandes como la independencia, el modelo territorial o cómo elegir al presidente de la república, hasta cosas que aunque íntimas y personales, cada uno tenemos las nuestras y son importantes.

Todos somos algo y tenemos nuestra identidad dependiendo de lo que toque en cada momento, yo puedo ser muchas cosas y si las cuento, quien me lea podrá sentir diferentes reacciones emocionales, como simpatía, disgusto, enfado o incluso un “este tío es carajote”… nadie se identificará plenamente conmigo ni tampoco me rechazará de plano, somos un conjunto de identidades y todas conviven en nosotros.

KEEP CONSTIMás que la monarquía, siendo de convicción republicano, el populismo es lo que me puede llegar a dar miedo y ya, de momento, empieza a molestarme. A hombres con coletas ya los veía yo por mi entorno de trabajo en 1992 así que ya, en 2014, el cómo cada cual se recoja el pelo no va a impedir que no vea los principios de la propaganda que ya establecieran Sun Tzu, Maquiavelo o Goebbels en cualquiera que esté planteando que hay un único adversario, la Monarquía y que pretende reunir en ella a la castuza, a la troika, a los bancos, al FMI y al BCE como suma individualizada de los males que nos aquejan; convirtiendo las aficiones de dudoso gusto o el tener relaciones extramatrimoniales como una amenaza grave. Siguiendo ya sólo a Goebbels, se hace una propaganda popular, poniendo el nivel al de los menos inteligentes ya que cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental: capacidad receptiva limitada y comprensión escasa unido a la facilidad para olvidar: “los reyes y el príncipe, no han hecho ni el huevo en cuarenta años, sólo vivir del cuento”, ya que la propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas. “Si una mentira se repite lo suficiente, acaba por convertirse en verdad“. Añadamos a esto que la Casa Real nunca se ha defendido ni justificado, sólo recientemente el rey pidió perdón y aseguró que no volvería a cometer determinados errores. El elemento estrella es, sin lugar a dudas, el usar la bandera tricolor, para introducir el complejo de odios y prejuicios cainitas de la guerra civil y así avivar las actitudes primitivas que están en ese sustrato preexistente para seguir transmitiéndolas a las generaciones que nada sintieron ni padecieron de aquella época. Seguimos con Goebbels y su principio de transfusión.

La reoca, y con esto termino, es que con el último principio de Goebbels, el de la unanimidad, se trata de convencernos de que es mucha gente la que piensa que el binomio izquierda-república es una realidad frente al de derecha-monarquía, cuando realmente la cuestión es que, una vez sustituida la monarquía, ¿cómo configuramos el modelo de estado?, ¿cómo elegimos al Jefe de Estado?, ¿cuáles son sus potestades y funciones?, por no hablar de que sólo con el cambio de modelo de estado, no habremos solucionado los problemas del paro, la corrupción, la burbuja inmobiliaria, la deuda pública, la prima de riesgo, los aforamientos de los políticos, la separación de poderes, el separatismo, la independencia, la igualdad de los españoles en razón del territorio donde vivan…

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