El trato con el diablo

#covid19

Querido diario:

Cuando uno trata con el diablo, en realidad no sabe que está tratando con él. El diablo no se presenta como se registra en los días que Cristo pasó en el desierto: hola, soy yo, Satanás y vengo a ofrecerte todo un mundo de tentaciones.

Como tantas veces en la historia se planta delante de sus víctimas, aquellos que le servirán y les venderá el discurso de los justos. No ofrece riquezas, ni poder infinito sobre la faz de la tierra. Te va a ofrecer que alcanzarás la gloria de ser protagonista de entre los justos. Es por ahí por donde venderás tu alma. Serás tú el que busque cualquier excusa para reivindicar su discurso.

Serás un filósofo, un médico, un jurista o un técnico de los más cualificados de este planeta y cada día que pase irás cediendo parte de tu sentido común en pro del discurso de aquél con el que te comprometiste. Llegará un día que tanto habrás cedido, que no habrá una línea por delgada que pueda ser que os separe a él y a ti. Tan delgada como inexistente y ahí habrás descubierto que su destino es el tuyo. Así es como el diablo compra las almas.

El resto es fácil. Dejar que otros manipulen al pueblo, que hagan el trabajo por él. Al maligno no se le reconoce tanto por el resultado nefasto de su proceder, sino por la forma en que lo lleva a cabo. Suele buscarse intermediarios que aparezcan en primera línea porque tiene la tendencia a esconderse tras ellos, porque pese a toda su capacidad para falsear la realidad, necesita de lapsos de tiempos para reconfigurar su sonrisa amable y su gesto preconfigurado.

No, no están ante un gobernante discutible, ni en el peor de los casos ante un gobernante nefasto. Porque si malo es estar ante un mal gobierno, puede ser consecuencia de una postura equivocada desde la mejor de las intenciones. Están ante lo peor que es rendir a la ciudadanía a la más consciente de la peor de las intenciones.

No existe debate entre quienes critican una gestión nefasta y quienes la defienden. Es una polémica artificial. Todo el mundo sabe cómo ha sido la gestión. El debate real es entre quienes la critican y quienes la ven como un precio asumible mientras sigan gobernando «los suyos».

Lo digo por quienes se empeñan en presentar datos para convencer a quienes han prefijado su posición prescindiendo de los datos. Es inútil. Es partidismo, que no ideología, y todo lo partido, por definición de principio, está roto.

Mientras, el epidemiólogo y el astronauta intentan venderle la burra a los niños y adolescentes, con nosotros ya -por lo menos- han tenido la decencia de dejar de intentarlo.

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